miércoles, 16 de septiembre de 2009

Mirar al cielo, mirar al suelo



En las ciudades, la gente, en general, no miramos a nuestro alrededor, no nos damos cuenta de lo que nos rodea. Esto sucede en cualquier momento pero especialmente cuando vamos o salimos de trabajo, instituto o de donde sea y vamos a toda ostia con ganas de llegar a nuestro destino.

A mí, que voy siempre caminando al curro, me gusta observar las cosas con las que me cruzo a mi paso, detalles de edificios, personas, me gusta mirar el cielo y ver las diferentes tonalidades que tiene según la hora y la época del año e incluso, muchas veces, veo cigüeñas o, como hoy, una bandada de patos que cruza la ciudad, rumbo al sur. También hay que mirar al suelo, y no sólo por evitar los charcos o las baldosas rotas sino porque, en ocasiones, puedes encontrar un detalle bonito donde menos te lo esperas.

6 comentarios:

eme dijo...

A mí también me encanta revisar que todo esté en "su sitio", y qué cosas nuevas aparecieron! Tienes razón, en muchas ocasiones encontramos cosas extraordinarias que te hacen enfrentar la vida con otra actitud, mucho más positiva!
Un saludo.

Sonia dijo...

Sí, es verdad, a veces vamos un poco como los caballos, sólo mirando al frente. Y soy la primera que reconoce que no me fijo mucho en nada. :(
Qué lujo ir andando al curro. :D

sibenik dijo...

A mi me gusta mucho sentarme y observar a la gente sin que se de cuenta e inventarme de donde vienen, a donde van, en qué trabajan, esas cosas... Me parece muy entretenido...

Heidi Metal dijo...

Yo tengo la extraña costumbre de cuando voy en bus ir fijándome en los pies de la gente que va andando, y cuando voy andando sobre todo por la ribera ir mirando las nubes y el río

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

Yo antes me fijaba en todo.

Ahora me doy cuenta que eso agota mucho.

Ale dijo...

Que bella reflexión, y que bueno sería cargar siempre la cámara para eternizar esas "visiones" tan pasajeras.