martes, 30 de junio de 2009

La hora difuminada



He llegado hace un rato a casa desde el pueblo para cambiarme antes de ir a trabajar.

Me he levantado a las seis de la mañana y a las seis y cuarto ya estaba conduciendo por las estrechas y solitarias carreteras de los Monegros. Me gustan esas primeras horas de la mañana, sobre todo en verano, en que vas concentrado en conducir pero con tu cabeza divagando y un poco sin pensar en nada y en todo a la vez.

He visto las cigüeñas comiendo en los campos, el olor todavía a tierra mojada de la tormenta de ayer a la noche y la luz que va cambiando mientras el Sol empieza a salir.

Creo que me enamoré de estas horas haciendo el Camino de Santiago y, desde entonces, me encanta poder disfrutar de ellas.

Por otro lado, y como contrapartida a esa tranquilidad y relax mental con que conducía, llevaba en la furgoneta, a todo volumen, a los Offspring. Supongo que mi mente "enferma" no soporta tanta paz interior XDDD

1 comentario:

Sonia dijo...

Muy bueno ese contrapunto de música cañera a la tranquilidad del cuasi-amanecer. xD
Entiendo que esas horas son muy bonitas, y tranquilas, a veces conducir es un placer muy grande.