
Ayer fué el vigésimo aniversario de la primera emision de una televisión privada (Antena 3) en España.
Eso quiere decir que, poniéndome de ejemplo, yo no tuve ocasión de ver algo en TV que no fuera la Primera y Segunda cadena públicas hasta que tuve 19 años.
Las cadenas privadas supusieron un cambio radical e importante en la forma de ver televisión y, porqué no decirlo, en la vida de todos nosotros. Pasamos de tener sólo dos canales a tener cuatro (cinco algo más tarde) y a la eliminación de las cartas de ajuste y el que, por la noche, cesaran las emisiones de TV y nos pusieran el himno nacional con la bandera.
Este cambio de las televisiones sería el precursor, unos pocos años más tarde, de una serie de cambios tecnológicos y culturales como la aparición y generalización de los teléfonos móviles, el acceso a internet primero y a la banda ancha después, etc,
Hoy en día disfrutamos de multitud de opciones de ocio tanto a través de la televisión, internet, etc pero, no hace tanto (en realidad muy poco) esto no era así.
Me alegro de poder haber asistido al nacimiento de todas estas nuevas cosas a nuestro alcance pero, por otro lado, también estoy muy contento de haber conocido una época sin tantas opciones pero en la que quizás (y esto no es del todo nostalgia) algunas cosas como películas, libros, cómic eran muy reales (estaban ahí) y, aunque costaba mucho esfuerzo conocerlas y encontrarlas, creo que, esa misma dificultad, hacía que disfrutáramos mucho más con ellas.
Durante mi juventud leí cientos de libros, ahora ya no tantos y, porqué no, también disfruté como un enano de la tele ya que, aunque había menos canales, estos tenían bastante calidad (mucho más que lo que vino después o hay ahora) y además tenían el suficiente atrevimiento como para emitir cosas como éstas.



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